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miércoles, 2 de enero de 2008

A gran velocidad

- ¿Que tal doctora?

- Bien, bien. Ya me dirá que le pasa.

- Nada, aparte de que soy mayor y estoy más cascao que un carro de segunda mano. Vengo a ver que tal ha salido mi “analís”.

- Pues sale todo muy bien. Hay sólo una cosa que tendremos que ir vigilando y es que tiene bastante velocidad.

Aparto la mirada del ordenador y observo cara de duda en el abuelo. Me aclara su extrañeza.

- Pues doctora, usted ya sabe que yo andar rápido, no es que ande, por culpa de la dichosa rodilla, y si no fuera por el bastón no saldría ni de casa, pero si usted lo dice, ya iré más despacio.

(cosas del lenguaje mal entendido y quizás mal expresado)

Polvos que funcionan

- Hola, ¿Qué tal?

- Muy bien doctora.Solo vengo a decirle que los polvos que me dio el otro día me fueron muy bien. Quisiera algunos más.

(No pude evitar un lapsus de aturdimiento. ¿Polvos, que polvos? ¿Tengo doble personalidad y hago cosas de las que luego no me acuerdo? ¿Incluso con pensionistas?. En pocos segundos, se hizo la luz. El poco tiempo que dispones para visitar hace que nuestro cerebro se acelere y practicamente, el buscador de polvos no percató mi desorientación)

- Bueno, como eran antiinflamatorios y son fuertes para el estomago, ahora que está mejor, quizás que descanse y se los tome cuando le vuelva. Será mejor que tome paracetamol.

El señor se fue contento, pues sabía que cuando lo necesitara, tendría sus polvos...

(Otra vez el lenguaje)

Enfermedades foráneas

- Hola, ¿Qué tal está?
- Muy mal doctora. Muy mal. Vengo, porque este lumbago asiático no me deja vivir, y ya no sé que tomarme.

Después de cuarenta visitas, no pude evitar el punto irónico, reconozco que esto no es educación sanitaria, pero es que los médicos somos humanos, aunque hagamos visitas en cinco minutos.

- Pues sabe que le digo, que tiene mucha suerte, pues si le llega a coger el lumbago europeo, ese sí que duele.

La señora se fue consolada del ambulatorio. Pensando seguramente que no tenía derecho a quejarse. Me quedé riendo por lo bajini, aunque en el fondo, me susurraba ese Pepito grillo que todos tenemos al lado: Has sido muy mala.

(Cosas de la sobrecarga asistencial)

jueves, 22 de noviembre de 2007

Solo quería salir.

- Dra., vengo porque hace tiempo que no salgo
- ¿Y porqué no sale?
- Pues porque no puedo
- ¿Le duele algo?
- No
- ¿Está triste?
- No -Aquí, el abuelo se empezaba a cabrear
- ¿Entonces porque no sale?
- Pues por eso vengo, no salgo y quiero que me dé un remedio - Esto, ya fue un grito tipo Tarzán.
-Salga hombre, cada día un poquito más.
-¿Como lo hago? Cojones. Si vengo para que me diga como.
- (La Dra. a punto de perder los nervios y sin diimular los resoplidos que más la acercaban al búfalo que al galeno)… ¿Qué quiere que le dé?, Si no me da más pistas, ni sé porque no sale ni sé que darle.
- Dra. Llevo días que no ensucio, ¿Será usted, digo yo, la que sabrá un remedio?.


( y la luz se hizo)…

miércoles, 21 de noviembre de 2007

No era sindicalista

- Dra., vengo por las cláusulas de las sindicales
- ¿Perdone?
- Que vengo por las cláusulas de las sindicales
- Perdone pero es que esto es un ambulatorio y lo que pide mejor lo encontrará en un sindicato.
- ¿Desde cuando hay que ir a un sindicato porque te duelen las sindicales?
- Pero,señora a usted ¿Qué le duele?
- Ya se lo he dicho, me duelen todas las sindicales, el pescuezo, la otra vez que vine por lo mismo, me dio unas cláusulas pequeñas y redondas que me fueron muy bien, ¿no lo tiene apuntado en el historial?
(Solo faltaban datos)

Eliminando el "ME"

-Dra. Tengo mucha tos, sobre todo por la noche, no me funciona ni lo de la cebolla (¿?), y arranco muy sucio.

-Vamos a ver. Se me siente que lo auscultaré.

El abuelo ni corto ni perezoso, da la vuelta a la mesa, se va acercando a ritmo lento y ante mi sorpresa... se me sienta en la falda.

¿Que hacer en estos casos? No hay para esto, manual ni mini-guía que te oriente, yo simplemente, lo ausculté. No recuerdo haber escuchado nada con el fonendo último modelo, tan solo quería acabar con la visita y que el abuelo saliera por la puerta, no fuera que entrara la enfermera en mi consulta y pensara cualquier cosa extraña.

Nunca jamás, he utilizado la silaba “me”, la he volatilizado del lenguaje laboral, ahora simplemente digo: Se sienta por favor y con el dedo índce señalo la silla correspondiente. Por si las moscas.